Horcajo de santiago

Ermita de Santa Ana

La Ermita de Santa Ana es uno de los rincones más queridos de Horcajo de Santiago (Cuenca). Situada en el extremo norte del municipio, dentro del conocido barrio del Congo, este templo sencillo y entrañable ha sido durante siglos un lugar de oración, encuentro y fiesta popular. Su historia combina arte, tradición y devoción, convirtiéndose en un símbolo de identidad para generaciones de horcajeños.

Los visitadores de la Orden de 1537 la describen de la siguiente forma:  “la qual esta Çerca de la villa. Es una hermita de cuerpo largo de tapieria, los Çimientos de piedra, esta cubierta la capilla de una alcoba de madera de pino con su Çinta y saetino bien labrada. Lo demasesta por cubrir”

Tríptico 1

Los orígenes: un templo del siglo XVI

Los primeros datos sobre la ermita se remontan al siglo XVI, cuando se levantó una pequeña construcción de tapial con cimientos de piedra. Aquella sencilla edificación respondía al estilo propio de las ermitas rurales manchegas, pensadas para dar culto a los santos patronos de barrios o cofradías. El lugar elegido fue el mismo que ya albergaba una construcción anterior del siglo XV, lo que demuestra la antigua devoción a Santa Ana en este enclave.

ERMITA DE SANTA ANA

Arte y patrimonio: Santa Ana con la Virgen Niña

La ermita ha custodiado piezas artísticas de gran valor. Destaca la talla barroca de Santa Ana con la Virgen Niña, obra del escultor Juan Pablo de Estrada, conocido como el Maestro de Horcajo, realizada hacia el año 1700. Esta imagen, de extraordinaria expresividad, ha presidido durante siglos las celebraciones en honor a la santa.
Junto a ella, la ermita albergaba un retablo gótico policromado atribuido al mismo maestro, considerado una joya de gran valor artístico y devocional.

ERMITA DE SANTA ANA

Guerra Civil y restauraciones

La Guerra Civil (1936–1939) marcó un antes y un después en la vida de la ermita. Con el objetivo de proteger su patrimonio, tanto la imagen barroca como el retablo fueron trasladados a Cuenca. La talla de Santa Ana con la Virgen Niña regresó a su pueblo en 2010, tras más de setenta años ausente. Sin embargo, el retablo continúa en el Seminario Mayor Diocesano de Cuenca, lo que ha originado un intenso deseo entre los vecinos de que sea devuelto a su lugar de origen.

La ermita actual conserva la planta rectangular de la edificación original, aunque ha pasado por diversas fases de reconstrucción. Los propios vecinos impulsaron reformas en los años 60 y nuevamente en los 80, aportando trabajo y recursos. Gracias a ese esfuerzo colectivo, el templo ha podido mantenerse vivo como espacio de culto y memoria histórica del barrio del Congo.

ERMITA DE SANTA ANA

Fiestas y costumbres

Cada año, en torno al 25 y 26 de julio, el barrio del Congo se llena de vida para celebrar las fiestas en honor a Santa Ana y Santiago Apóstol. La tradición combina lo religioso y lo festivo: triduo de oración, misas, procesión con las imágenes, verbena popular, rifas y venta de panecillos bendecidos. Los beneficios obtenidos se destinan al cuidado de la ermita, reforzando el vínculo entre fe y comunidad. Los fuegos artificiales y la música convierten estas jornadas en un momento esperado por todo el pueblo.

Comunidad y patrimonio compartido

Más allá de su dimensión religiosa, la ermita de Santa Ana es un emblema del espíritu comunitario de Horcajo de Santiago. En 2017, los vecinos promovieron una campaña para reclamar la devolución del retablo gótico, convencidos de que su verdadero lugar está en la ermita. Estas iniciativas muestran cómo el pueblo no solo venera a su santa, sino que también defiende con orgullo su legado artístico y cultural.

Conclusión: un símbolo que une pasado y presente

La Ermita de Santa Ana no es solo un edificio, sino un espacio que guarda la memoria y la identidad de un pueblo. Su historia, marcada por reconstrucciones, pérdidas y recuperaciones, refleja la fuerza de la devoción popular. Hoy, sigue siendo un lugar donde la tradición y la fe se encuentran, recordando a los horcajeños que la cultura y la espiritualidad se transmiten de generación en generación.